Con Kioto, y/o sin el, cada vez tenemos menos Medio Ambiente y menos y peor Tierra en la que vivir

 

EL RETO ES OTRO: UN MUNDO CAPAZ DE GOBERNARSE ASÍ MISMO EN COLABORACIÓN Y COMPARTIENDO SUS CAPACIDADES Y RECURSOS

Cacún en manos de un sistema global incapaz de gobernar con eficiencia, colaboración y en paz a las transnacionales, la ONU y las potencias, y hacer frente adecuadamente a los retos de la rebeldía (¿¡justificada?!) de los nuevos nacionalismos de los Estados-Economías emergentes (China, India, Brasil, América Boliviarana…). El deterioro ambiental y el agotamiento de los recursos y su mala administración o despilfarro…


La Tierra, esa nave GAIA en que vivimos, ve pasar la ineficiencia de un sistema depredador en el que unos pocos compiten por dominar los recursos de todos.

El mundo global se vuelve ingobernable ante los ojos atónitos de un buen numero de seres humanos que miramos espeluznados como mientras la nave tierra navega hacia ninguna parte, unas pocas empresas y familias hacen sus agostos en pleno invierno global, con una crisis persistente que hiela de frío al mas pintado y congela las iniciativas de cambio que con las mejores intenciones proponen alternativos humanistas moderados o rebeldes y revolucionarios.

Es como si el paso de los desastres naturales, el hambre, la ignorancia y las enfermedades, los militarismos imperialistas y las guerras mundiales o locales no hubiesen dejado en nosotros memoria de los horrores pasados.

El miedo nos atenaza y condiciona de tal modo que nos hemos vuelto incapaces de pensar, decir y hacer lo necesario… Será el devenir quien lo haga por nosotros. Se lo venia diciendo a mis hijos; ahora se lo digo ya a mis nietos (aunque, pequeños, aun no lo entiendan): lo que haces eres y serás. Una revolución es una reforma que no se hizo en su tiempo y lugar. Pero es inútil echar agua en la arena del desierto.

Vivir con miedo es vivir maniatado a las razones de los poderes de dominio. Es ver, sin mover un dedo, como los ahorros familiares de décadas precedentes se evaporan ante nuestros ojos para ir a las cajas de los poderosos que dominan el mundo y se autodenominan ‘mercados’. Los Estados Nación son rehenes de los ‘mercados’, ellos son los soberanos, nosotros los súbditos, y nuestras posibilidades de vivir mejor, en paz y libertad, dejadas al albur de administradores incompetentes son como dejar una chuleta al jefe de un grupo de hambrientos para que la administre repartiendo los cachos…

Unas burguesías que se entregan con facilidad a nuevas formas de fascismo, manipulación mediática y autoritarismo demagógico. Unos izquierdísmos tontos e inútiles que se afana en radicalismos acartonados en formulas ya fallidas mil veces, faltos de aliento y ambición para enamorar a los ciudadanos, que somos el asunto clave de toda reforma o revolución que merezca la pena.


De hecho, la única reforma que puede merecer ganarse las ilusiones – participación masiva de las gentes de la Tierra, a estas alturas de la historia, es aquella que se forje en los corazones y se aprovisione de las razones y saberes humanistas que nos legaron las gentes y las experiencias del pasado, al tiempo que se proyecte a un futuro en el que todos tengamos cabida con nuestras identidades e ideologías (personales, nacionales, de grupo o de nación, políticas y religiosas). Una nueva democracia global, confederal, colaborativa, en la que comprendamos que nos necesitamos unos a otros para vivir mejor y libres.

No sirve de nada oponerse a cualquier cosa que se mueva. Las gentes somos mucho mas sensatas que eso. Muchos de nosotros, al parecer la mayoría, jamás nos sumaremos voluntariamente a organizaciones, políticas, actitudes, o experiencias que supongan una perdida de valores humanistas en defensa de las libertades y las diversidades … La solidaridad, el apoyo mutuo, la rebeldía constructiva y duradera solo puede dar su fruto si viene de la insumisión a los ordeno y mando de gentes que caminan por los senderos trillados de socialismos o ecologísmos decimonónicos dirigidos por personas que renuncian fácilmente a lo que no tienen.

Mejorar el mundo es mejorar a los ciudadanos del mundo. Es sentido común, cultura, razones en debate que se admiten unas a otras como potencialmente verosímiles. Es convivialidad: fraternidad, colaboración, igualdad, fraternidad y aprender a vivir unos pocos con menos para todos podamos mirarnos a la cara en un mundo sin desheredados, sin hambre, con cultura y soberanía compartida…

Por cierto, déjame decirte, lector, que mayor utopía que esta es creer en la virginidad de María, madre de Jesús, y, no obstante, millones de seres humanos lo creen y hasta han muerto y matado por ello… Para que decirte a estas alturas del saber nada de dioses homnipotentes que nos esperan en sus paraísos después de nuestra muerte, si nos portamos bien… Mejor hacer aquí y ahora un sueño realizable de conviviencia global y humanista…

Un por decir. Salud.

Mikel Orrantia Diez -Tar

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